18.6.06

3 CADAVERES EXQUISITOS EN LA PLAZA DE LA PUS

Están transcritos literalmente, intentando respetar los dobleces a modo de renglones en blanco.
PRIMERO
Vamos a escribir una pollada colectiva
pues... pues eso yo estaba con el agua manchandome el culo las piernas
y entrando por mis botas, y tenia
ganas de matar, aniquilar y destruir la humanidad
para por según si so sobre durante mediante
y tomó entre sus manos el pene y lo agitó mal
cóctel de amor que te rompe el corazón
corazón marchito
marchito
to lo que me salga la polla.
SEGUNDO
Había una vez en una
plazilla... redonda, en pendiente y
pendiendo de un hilo, con el alma en vilo
perdido como la gota que se aguantaba en la puntita,
después me introducí por el ano my flauta
dulce mierda
que delicia mas placentera
y ese dia me picó el huevo izquierdo y grite:
y solo sabía de zoofilia
(escrito bocabajo) Y aquí la peña se repite, como Genil, que parecía que era tonto
y enderrepente me paso por el cerebro una especie de forma extraña que hacía Flus Flum
Crac plum con
Estuvo tirado durante días y el hombre tortuga me dijo: cogele un escroto y cometelo, es una situación anormal. Basta perras!;
TERCERO
De pronto le poseyó un sentimiento poético y se masturbó
Cangrejos, plutonio, el quimico y el batiscafo todos juntos miraron al fetonido to colocados, zeus cago en todos, dios papel pal culo, piel de mulo
(mulo) lleno de alforjas hechas a base de orejas de
elefantes, enormes y elegantes como el beso de dos
amantes, pegajosos como una vez dentro de una caverna... y se estrechaba... y
pegaba y pegaba y pegaba y no dejaba de pegar, hasta que un dia fue como un "¡¡paso de
seguir pegando!!" y entonces fueron
elefantes haciendo un ruido estrambotico y dulce
a la vez que pensaba en comprarme una hamburguesa
que olia a la/os perras/os como vosotros que no quereis escribir

5.3.06

Extracto de LA PLAZA DEL DIAMANTE de Mercè Rodoreda

14

El olor a carne, a pescado, a flores y verduras se mezclaba, y aunque no hubiese tenido ojos me habría dado cuenta en seguida de que me acercaba al mercado. Salía de mi calle, y cruzaba la calle Mayor, con tranvías arriba y abajo, amarillos, con campanilla. El conductor y el cobrador llevaban uniformes rayados con rayas finas y que en conjunto parecían grises. El sol venia todo entero del lado del Paseo de Gracia y, ¡plaf!, por entre las filas de casas caía encima del empedrado, encima de la gente, encima de las losas de los balcones. Los barrenderos barrían, despacio, con grandes escobas de ramitas de brezo, como si estuviesen hechos de pasta encantada: barrían las cunetas y las regueras. Y me iba metiendo en el olor del mercado y en los gritos del mercado para acabar dentro de los empujones, en un río espeso de mujeres y de cestos. Mi mejillonera, con manguitos azules y delantal con pechera, llenaba medidas y más medidas de mejillones y almejas, ya lavados con agua dulce pero que todavía tenían encerrado dentro, y lo esparcían, olor de mar. El pasadizo de las triperas, olía a muerto. Los despojos de los animales sangraban encima de las hojas de col: los pies de cordero, las cabezas de cordero con el ojo de cristal, los corazones partidos, con un canal en medio atascado por un cuajarón negro... De los ganchos colgaban los hígados húmedos y las tripas hervidas y las cabezas de ternera hervidas y todas las triperas tenían la cara blanca, de cera, de tanto estar cerca de aquellos manjares sin gusto, de tanto soplar las asaduras de color de rosa, vueltas de espalda a la gente como si hiciesen un pecado... Mi pescadera, con dientes de oro y riéndose, pesaba palangres y en cada escama estaba, tan pequeña que casi no se veía, la bopmbilla que colgaba encima del cesto del pescado. Los mújoles, los milanos, las lubinas, las escorpinas de cabeza gorda que parecían acabadas de pintar con sus espinas en lña raya del lomo como los pinchos de una gran flor... todo salía de aquellas oleadas que a mí me dejaban vacía cuando me ponía delante, a coletazos y con los ojos fuera de la cabeza. Las escarolas me las guardaba mi verdulera, vieja, delgada y siempre de negro, que tenía dos hijos que le cuidaban el huerto...
Y todo iba así, con pequeños quebraderos de cabeza, hasta que vino la república y el Quimet se entusiasmó y andaba por las calles gritando y haciendo ondear una bandera que nunca pude saber de dónde la había sacado. Todavía me acuerdo de aquel aire fresco, un aire, cada vez que me acuerdo, que no lo he podido sentir nunca más. Mezclado con olor de hoja tierna y con olor de capullo, una aire que se marchó y todos los que después vinieron no fuweron como el aire aquel de aquel día que hizo un corte en mi vida, porque fue en abril y con flores cerradas cuando mis quebraderos de cabeza pequeños se volvieron quebraderos de cabeza grandes.
-Han tenido que hacer las maletas... y, con las maletas, ¡fuera!... –decía el Cintet, y decía que el rey dormía cada noche con tres artistas diferentes y que la reina, para salir a la calle, se ponía cara postiza. Y el Quimet decía que todavía no se sabía todo.
El Cintet y el Mateu venían a menudo y el Mateu cada día estaba más enamorado de la Griselda y decía, cuando estoy con la Griselda se me encoge el corazón... y el Quimet y el Cintet le decían que estaba malo de la cabeza porque el amor le debilitaba y él venga a hablar de su Griselda y era verdad que no sabía hablar de nada más y se iba volviendo como tonto con lo que yo lo apreciaba. Y decía que el primer día de casado el que no se podía aguantar de emoción había sido él porque decía que los hombres son más sensibles que las mujeres y que por poco se desmaya en el momento de quedarse solos. Y el Quimet, columpiándose un poco su silla, se reía por debajo de la nariz y él y el Cintet le aconsejaban que hiciese un poco de deporte porque con el cuerpo cansado la cabeza no le trabajaría tanto, porque si se pasaba los días pensando en la misma cosa, acabaría dentro de una camisa con las mangas muy largas, atadas a la espalda con un nudo de marinero.

16.1.06

Muerto en Vida

Los trozos de carne hedionda y gris añoran su forma anterior embutida en una piel tersa y suave. Ya no tiene el maravilloso tacto de días atrás, ahora parece cualquier chorizo en cualquier tripa, de cualquier intestino.
Se sujetan por las venas y las arterias, que los atan unos a otros sujetando su peso muerto. Ya no hay control en su movimiento, solo un leve balanceo, un ligero pender que airea extendiendo por todos lados su horrible olor dulzón.
.........................
Él se resiente. Supongo que aun le queda conciencia de su pasado. Seguro que a estas alturas todavía no se resigna e incluso se cree el mismo. Si pudiese abrir los ojos y ver algo no podría imaginarse a su antojo, pero dos repugnantes bolsas le caen de la frente. Solo puede olerse y ya está acostumbrado.
Ojalá se le apagase la mente. Yo que lo escribo sé que así ocurrirá. Se completará como despojo cárnico y podrá dejar de ser patético. Dejara de llorarse y solo importará su presencia como basura viva en alguna esquina o en algun bache.
Nadie se atreverá a cogerlo o apartarlo, pero si que lo miraran con asco. Pasaran a una distancia mediana y le dedicaran una arcada o dos. Quizás alguna lleve premio y le escupan un tropezón recuerdo de cenas y almuerzos.
Pero él no os ve, ni os siente siquiera. No, no podrá hacerlo. Él será solo musculo correoso y grasa que se come a sí misma y se caga. Y tú, lo siento, no puedes importarle.

30.12.05

Olor Matutino

Muchas mañanas, como sucede en Fragmento de Carta, me levanto con olores falsos, de cosas que no estan presentes. Como si el olor permaneciese en mi pituitaria residuo de los sueños acontecidos. Hoy eran tan fuertes los olores que parecía que hubiesen subido al grado de sabores, podía casi masticarlos. Me olía y sabía todo a Praga podrida, de forma tan intensa que al levantarme y mirarme me he visto hecho de Praga podrida y cuando he querido activar al día mi mente esta solo repetía constantemente Praga podrida, Praga podrida. Ni bacon, ni queso, ni el bollo que los sostiene. Ni cajeras, ni coronas... nada, todo emanaba sensación a corrupto.
Al entrar en la ducha el olor se ha ido, no porque sea tan cerdo (que lo soy) que fuese en realidad mierda lavable y planchable; puesto que al salir ha vuelto, como ráfagas de ciudades negras, viejas y europeas que destrozan a uno el pecho al inhalarlas. Mientras el agua caliente corría tranquilizaba el efecto matutino que, como explico, a veces me acontece, y que esta vez parecía estar hincado en mí. La noche anterior HA sido horrorosa pero a treinta grados líquidos no había quien se acordase del frío de la acera de mi soportal, ni de nuestras caras abotargadas, hinchadas de parpados salados. Tampoco de los calentones ni de lo que los motivaba; de la enfermedad mental que me produjeron. Como tus palabras de desamor.
He salido sin toalla y he esperado de pie desnudo a que me secara. Entonces el olor ha vuelto y me ha traído con él la desdicha. Pero esta vez ya limpio, exorcisado por la acción de mi esponja que hiere mas que limpia. No me importaba, porque las lágrimas se confundían con las últimas gotas que caían de mi pelo. Por tanto ya no podía autocompadecerme pues no sabía cual era suero de mis ojos y cual simple agua. No podía llorarme más de lo que lloraba, más de lo llorado. En mi piel roja solo estaba ella, roja, pero estaba. No se encontraba colgada del techo hecha jirones y yo no estaba retorciendome de dolor desollado en el suelo. Estaba de pie esperando a secarme. Mis ojos estaban húmedos pero los tenía en mis órbitas. No me los había arrancado ninguna serpiente y no se los comía. Yo tampoco lo hacía y en mi boca no se aplastaban, entre lengua y cielo, dejando su líquido resbalar por mi gaznate. En mi boca solo había dulce olor a Praga podrida.

Cócteles Incendiarios

Estoy seguro de que puedes volver a amarme. Yo puedo enseñarte a hacerlo. Sólo hay que agitar en un vaso mezclador zumos de tiempo y nuestras sangres, hasta que se calienten. Dárselo de beber a la roca que se deshaga en grava y así cogerte a puñados. Ver el polvo grisáceo que deja en las manos y añadirselo a nuevos cócteles incendiarios. Calentarnos los pies con ellos y abrazarnos, porque nunca podré abrigar más esperanza que ahora que todo me roban. Ahora que buscas refugio o te quedas huérfano.

Yo persistiré hasta al final de los días con mi antorcha, con un loco deseo de quemarlo todo. Te miraré con ojos vidriosos de pirómano en su desierto y te enseñaré a transformarlo en vergeles, bosques y junglas que quemar para restablecer nuestra temperatura corporal. Te besaré, te abrazaré, te tocaré con AMOR y luego le prenderé fuego; no habrá roca que resista las cenizas porque son el testigo ya ignífugo de la madera que sirvió de combustible.
Sólo necesito el gesto mutuo de encender la cerilla.
Sólo necesito el consentimiento para seguir amandote. Tu sólo necesitas percatarte.

27.12.05

El Rompecabezas del Dinosaurio o Sistemas de Extracción Sentimental.

Se necesitó dinamita para volar parte de la roca más dura. Dicha roca se había formado a partir del barro y la arena del antiguo lecho del río, hoy convertido en sólida piedra.
La excavación de los fósiles se llevó a cabo en la pared empinada de una cantera. Se pintaba una retícula en la roca para facilitar la señalización del lugar en que había encontrado cada fósil.
Una vez en la superficie, los frágiles huesos se envolvían con un molde protector de arpillera y yeso. Cuando el yeso estaba seco los pesados huesos se iban levantando por la escarpada pared de la cantera.
Unas mulas arrastraban los huesos, protegidos por sus envolturas, fuera de la cantera mediante una especie de trineos. Hubo que hacer muchos viajes para transportar todos los huesos fósiles.
Durante la excavación se desprendían toneladas de roca de la pared escarpada. Los escombros eran transportados por carreteras a lo largo de una corta vía férrea y luego eran vertidos por la empinada ladera de la colina.

Acidez Nocturna

Tengo ganas de pegarle a la vida porque se me hace injusta. Todo ha dado la vuelta derrepente, se ha metamorfoseado para rebelarse contra mí. Me rechinan los dientes de odiarlo todo y a mí mismo.
Lloro ácido sulfúrico.
ALICIA ERA LO QUE MAS QUERÍA EN EL MUNDO.
AHORA LO QUE QUIERO ES NO QUERERLA.
Lloro ácido sulfúrico.
Mi almohada esta rellena de nudillos ensangrentados. Quiero conciliar el sueño y solo veo peleas; cierro los ojos como si estuvieran hinchados de morados y los dientes que antes rechinaban se me caen. Los escupo y los veo amarillos y picados, con sarro.
Recuerdo cuando me pedías que me los lavara ahora que me paso la lengua por las encías.
Recuerdo cuando se besaron nuestros cepillos.
No puedo evitar soltar una sonrisa desdentada.
Lloro ácido sulfúrico.
Me he comido mis uñas negras, comidas de mierda. Esperaba que se me clavara alguna en el paladar y este se me infectara. Así tendría un buen motivo para decirte que no sé a qué me sabe la vida.
Me sabe mal.
Me sabe salada de llorar ácido sulfúrico.
NECESITO TIRARME UN PEO DE AZUFRE Y PRENDERLE FUEGO. Hacerlo todo malabares y espectáculo y conciliar de una vez el sueño. A ver si con un poco de empeño, me compro y me vendo, cambio de dueño y doy con uno que me quiera más.

26.12.05

TRÍPTICO BUSH

«El Holocausto fue un período obsceno en la Historia de nuestra nación. Quiero decir, en la Historia de este Siglo. Pero todos vivimos en este siglo. Yo no viví en ese siglo»

7.12.05

FRAGMENTO DE CARTA



Acabo de despertar. Antes de abrir los ojos y ver nada, un olor a Interspar inundaba mi nariz. Olía exactamente igual: a cajeras viejas, a bollos de pan con bacon y queso, y a pasillos con preservativos Pepino. Olía a pocas Coronas tintineando en el bolsillo.
Quizás el olor proviniese de mi boca. Hálito a Hipermercado.

5.12.05

COMIENZO


Hoy es mi estreno.
Se hace dificil tanto espacio en blanco.

No se que es un Blog. No se si quiero que esto sea un Blog.